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Página 1 de 3 Si hay una tarea de mantenimiento que hay que cumplir a rajatabla como
mínimo, una vez al año, es el cambio de pasta térmica del procesador. Este
proceso debe cumplirse siempre, y aún más, si nuestro equipo está encendido
muchas horas al día, ya que la pasta térmica se seca, se cuartea, y por
supuesto pierde todas sus propiedades como transmisor de calor.
Un buen estado de la pasta térmica, implica que nuestro procesador estará
evacuando de manera adecuada el calor que genera la cpu directamente al bloque disipador mediante
una transferencia óptima. El uso cotidiano de nuestro ordenador hace que la
pasta térmica sufra un desgaste "normal", al permanecer continuamente a una
temperatura elevada, pero ese es su cometido y para lo que ha sido fabricada. El problema llega cuando nuestra
pasta térmica ha perdido sus propiedades, con lo que su función como
transmisor de calor, baja drásticamente, y conlleva que nuestro procesador se
caliente más de lo aconsejable. Esto genera problemas a su vez de rendimiento,
ya que a mayor temperatura, menor rendimiento dará la cpu. Pero los problemas no
quedan ahí, ya que una temperatura de trabajo excesiva, puede provocar reinicios
inesperados del equipo.
La solución, lejos de parecer complicada, puede hacerse de manera rápida y
sencilla. Decimos esto, ya que en la mayoría de los casos, sobre todo si contamos
con un disipador de serie, no hará falta desmontar todo nuestro equipo;
únicamente habrá que retirar el disipador de cpu.
Para cambiar nuestra pasta térmica, no necesitaremos herramientas, únicamente
un poco de alcohol, un trozo de papel de cocina, la pasta térmica que vayamos a
utilizar y un pedacito de una bolsa plástica.
El principal factor que indica que nuestra pasta térmica está en la últimas,
es que la temperatura de nuestro procesador se mueva en rangos de temperatura fuera de los
comunes. Aunque las temperaturas sean correctas, es recomendable realizar una
renovación de la pasta térmica de manera anual.
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